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Víbora áspid (Vipera aspis).
Serpientes ibéricas
MNCN-HERP 9040-9042. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Vipera aspis, conocida como víbora áspid, es una serpiente venenosa distribuida por el suroeste de Europa, con presencia en Francia, Italia, Suiza y noreste de la Península Ibérica. Es una especie de tamaño mediano, que puede alcanzar hasta 80 cm de longitud. Su coloración es variable. En la Península Ibérica, las poblaciones presentan principalmente dos patrones dorsales: un zigzag ancho y redondeado sobre fondo gris o pardo en el Pirineo central, y un diseño más fino, anguloso o en barras transversales sobre fondos rojizos o pardos claros en el resto de su área ibérica. Vipera aspis posee colmillos solenoglifos y un veneno de acción predominantemente hemotóxica y citotóxica, que utiliza para capturar pequeños mamíferos, aves y, ocasionalmente, reptiles y anfibios. En humanos, su mordedura puede provocar dolor intenso y complicaciones locales y sistémicas, por lo que requiere atención médica, aunque la mortalidad es baja. Es una especie generalmente diurna.
Cobra egipcia (Naja haje)
Serpientes venenosas
MNCN-HERP 22707. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Naja haje, conocida como cobra egipcia, es una serpiente venenosa distribuida principalmente por el norte de África, desde el Mediterráneo hasta regiones del África oriental y nororiental, y en áreas de Oriente Próximo. Habita ambientes áridos, sabanas, zonas agrícolas y entornos humanizados, mostrando una notable capacidad de adaptación. Es una especie de fenotipo variable, con una amplia gama de coloraciones; en el noroeste de África, sobre todo en Marruecos, los adultos presentan con frecuencia una coloración uniformemente oscura o negra. Como otras cobras, posee dentición proteroglifa y un veneno neurotóxico. Su característico despliegue defensivo de la cofia, resultado de la expansión de las vértebras cervicales y las costillas asociadas, actúa como una eficaz señal visual de advertencia. Históricamente, esta especie ha sido asociada a la muerte de Cleopatra, ya que la tradición identifica a la cobra egipcia como el animal utilizado en su suicidio. En Marruecos, además, ha estado vinculada durante siglos a los espectáculos de encantadores de serpientes.
Cabeza de dragón de Komodo (Varanus komodoensis). Molde de resina.
Zoología
MNCN-HERP 40493. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Varanus komodoensis, conocido como dragón de Komodo, es el lagarto de mayor tamaño del mundo. Puede alcanzar hasta 3 metros de longitud y alrededor de 90 kg de peso, aunque existen registros de individuos de mayor tamaño. Esta especie es endémica de un reducido grupo de islas del sudeste asiático, en Indonesia (Komodo, Rinca, Gili Dasami, Gili Montang y Flores), donde ocupa ambientes abiertos, bosques secos y zonas costeras. Se trata de un depredador oportunista y carroñero, capaz de cazar presas de gran tamaño, como ciervos o jabalíes. Durante mucho tiempo se pensó que su letalidad se debía únicamente a bacterias presentes en su saliva, pero estudios recientes han demostrado que posee glándulas orales que producen toxinas y secreciones anticoagulantes que provocan el debilitamiento de sus presas.
Anónimo (seguidor de Guido Reni).
El suicidio de Cleopatra. Ca. 1800. Óleo sobre lienzo.
Triaca y farmacia
Según la versión más conocida, Cleopatra se suicidó dejándose morder por un áspid (cobra egipcia) para evitar la humillación de ser exhibida como prisionera de Octavio (Augusto) y así mantener la dignidad y lealtad hacia su esposo, Marco Antonio. Fue el fin de la dinastía greco-egipcia ptolomeica.
Colección particular prof. Jorge Alvar.
Dice Estrabón (63 a. C.- ?): «Este lugar lo adornó César [Octavio] Augusto, porque aquí venció en combates a aquellos que habían salido junto con [Marco] Antonio contra él, y con el primer ataque tomó la ciudad; y verdaderamente obligó a los seguidores de [Marco] Antonio a que él mismo se quitara la vida. A Cleopatra la redujo viva a su poder; pero poco después, estando bajo custodia, ella misma se dio muerte en secreto con la mordedura de una áspid que había sido introducida ocultamente, o (como transmiten otros) con un veneno aplicado, se quitó la vida mientras estaba detenida» (Strabonis. Rerum Geographicarum, 1571 Libro XVII, pp922. Basilea).
La elección del suicidio como muerte digna evitó la humillación de Cleopatra de ser exhibida como prisionera en las celebraciones de las victorias militares de Octavio en Roma, terminándose con ella la última dinastía greco-egipcia ptolomeica.
El suicidio de Cleopatra es un tema que ha interesado a muchos artistas, entre los pintores, a Guido Reni (1640, Museo del Prado), Leonardo da Pistoia (ci. 1540, Villa Borghese, Roma), a Giovanni Lanfranco (ci. 1630, Palazzo Barberini, Roma) y otros más.
Tres recibos, con la firma de Casimiro [Gómez] Ortega, relativos a la adquisición de triaca magna para la botica de la calle Montera. Madrid, 24/09/1786; 29/01/1787; 26/04/1793.
Triaca y farmacia
Sobrino de José Hortega, el propietario de la botica donde tuvo lugar las primeras reuniones de la Real Academia Médica Matritense, actualmente Real Academia Nacional de Medicina. Fue elegido académico de número de esta misma academia en 1761. Archivo, 19/4.
Real Academia Nacional de Farmacia de España.
La triaca del Real Colegio de Boticarios de Madrid era elaborada y comercializada desde la propia institución colegial, bajo un riguroso control, no solo en la calidad de sus simples, también en el proceso de envasado y distribución.
Casimiro Gómez Ortega (1741-1818), nacido en el seno de una familia modesta de origen toledano, fue sobrino carnal de José Hortega. Su tío, boticario, hizo una boda afortunada, lo que le permitió disponer de una botica en la madrileña calle de la Montera, en cuya rebotica tenía lugar la reunión que dio lugar a la Real Academia Médica Matritense. Él se hizo cargo de la educación de su sobrino desde los diez años y diseñó para él un recorrido formativo que le llevó a estudiar en Madrid, con los escolapios; en Barcelona, bajo el control de los jesuitas y en Bolonia, donde cursó Botánica, Medicina e Historia Natural, mediante una beca concedida por el Real Colegio de Cirugía de Cádiz. Heredero universal de su tío, fallecido en 1761, volvió a Madrid y se examinó ante el Real Tribunal del Protomedicato para conseguir licencia de boticario y poder hacerse cargo del establecimiento familiar; en el octubre de 1761, fue elegido miembro de número de la Real Academia Médica Matritense.
Contenedor de farmacia para la maceración de la triaca. Perteneciente a la botica del Colegio de los Jesuítas de Toulouse, Francia.
Triaca y farmacia
Realizado en peltre con incisiones y cabezas de león decorativas.
Reproducción. CE1834. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Después de ser triturados los simples en los morteros, las fuentes antiguas y posteriores insistían en que la fabricación debía prolongarse varias semanas, dado el número de componentes, los sucesivos tamizados y las fases de amasado. Tras la confección, muchas tradiciones recomendaban un periodo muy largo de maduración —a veces de diez a doce años— antes de que la triaca alcanzara su máxima eficacia, lo que incrementaba su prestigio y su precio.
El original de este bello envase para el macerado de la triaca se encuentra en la antigua botica del Museo Paul-Dupuy, el museo de artes decorativas e historia de Toulouse.
Balanza con pesas, siglo XVIII.
Donación de Javier Fernández de la Peña.
Triaca y farmacia
MFH 10177. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
Las balanzas de metal y madera, con dos platillos que cuelgan de una varilla de apoyo horizontal, la cual descansa en su centro en un punto de apoyo, fue un instrumento habitual para comparar pesos; de ahí su presencia en la totalidad de las boticas ilustradas y decimonónicas.
El pilar central, la estructura que sostiene la varilla, de la que penden los brazos y permite el equilibrio entre los platos, suele presentar una decoración alegórica. No era extraño que la balanza ocupara un lugar visible en el mostrador de la botica y sirviera, además de su función primordial, como pieza decorativa.
La pieza que nos ocupa ubica una serpiente en el extremo superior del pilar central, con la boca abierta mostrando los colmillos que permiten inyectar el veneno en sus presas, pero también del que puede obtenerse el antídoto. La presencia de serpientes en balanzas farmacéuticas es relativamente habitual, no solo en el pilar central, en ocasiones los propios brazos de la varilla simulan oficios que nacen de la estructura medial.
Placa de una farmacia donde se preparaba triaca, Milán, Italia.
Mármol. Ca. Siglo XVIII, probablemente anterior.
Triaca y farmacia
Placa de mármol con la representación en relieve de una serpiente enroscada que podría ser el Biscione, símbolo de Milán; además aparece el símbolo del mercurio y la palabra serpens, simbolizando ambos la medicina y el medicamento.
CE2000. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Las farmacias autorizadas para preparar triaca (theriacants) exhibían en la fachada una placa que las distinguía. En el interior, en una sala especial de venenos, se preparaba de forma rutinaria la triaca y, en algunas farmacias exquisitas italianas, era almacenada en tarros de cerámica de Bassano.
Los farmacéuticos italianos autorizados, conocidos como spezieri da medicina o teriacanti, gozaban de alto estatus social por su trabajo comparable a un «arte noble», permitiéndoles casarse con damas de alcurnia. En Venecia, estos profesionales eran seleccionados entre las 90 farmacias existentes, de las cuales solo unas 40 recibían el codiciado permiso del Magistrato alla Sanità.
«Boticarios e inspectores examinan el proceso de preparación de la triaca en Bolonia», Aleardo Terzi (ci. 1904) a partir de una obra de Domenico Ramponi (1818). Biblioteca dell’Archiginnasio, Bolonia.
Triaca y farmacia
Reproducción. Original en Wellcome Collection.
Real Academia Nacional de Medicina.
Aunque lo rutinario era preparar la triaca en las reboticas, en ciudades como Venecia, Padua, Bolonia o París, un par de veces al año, en fechas señaladas, se hacía de forma pública y ante las autoridades para ganar reputación y demostrar su autenticidad. Se anunciaba con pasquines y pasacalles, y con gran parafernalia se realizaba en espacios abiertos, rodeados de docenas de jaulas con víboras vivas. Se concitaba así la curiosidad de las gentes -en las balconadas- lo que, a la vez, alimentaba el mercado y el prestigio de boticarios y médicos.
La escena es representada en el cuadro «Boticarios e inspectores examinan el proceso de preparación de la triaca en Bolonia» de Aleardo Terzi (1870-1943). Este cuadro es, en realidad, una reinterpretación de una obra anterior de Domenico Ramponi de 1818. Terzi realizó su versión alrededor de 1904, para la colección de la Wellcome Library en Londres.
Frasco con la inscripción: ‘trociscos viper’.
Siglo XVII-XVIII.
Componentes Triaca
MFH 1705. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
El procedimiento para el empleo de las víboras en terapéutica era siempre el mismo. Con unas tenazas se cogía una víbora viva, oprimiendo cerca de la cabeza; se le cortaba con unas tijeras y se eliminaba la cola, se separaban las entrañas, salvo el corazón y el hígado, y se introducía en una vasija, que contenía alcohol (‘espíritu de vino’). Luego se despojaba de la piel y se cortaba en pedazos. Estos se ponían a cocer en una vasija de estaño, tapada y colocada al baño maría, si se deseaba obtener un ‘caldo’, que luego debía colarse; o se reducían a polvo y se mezclaban con grasa o gelatina si era otra la formulación deseada. Estos polvos recibían el nombre de ‘Bezoardicum anímale’.
A estas formulaciones se unen otras, como el pan de víboras, al que a la carne de víbora se añade polvo de zarzaparrilla, harina de trigo y fermento; una vez horneado se consume en lugar del pan común, convirtiéndose en un estimulante a la par que combate la sífilis, el escorbuto, la lepra o la caquexia. Al aceite empirreumático de víboras, obtenido por destilación seca, le fueron atribuidas propiedades estomacales.
Estos medicamentos, como el resto de los hidrolados animales de Guibourt [Nicolas- Jean-Baptiste-Gaston Guibourt (1790-1867)], preparados con la carne de diversos animales, entre ellos las ranas, tortugas, caracoles, víboras, etc., fueron suprimidos, en gran parte, por el Codex… francés de 1884.
Papaver somniferum, adormidera natural seca. Siglo XXI.
Componentes Triaca
Con la incorporación de la química analítica, solo el opio demostró tener actividad farmacológica entre los más de sesenta componentes de la triaca.
CE 2024. Museo de Medicina Infanta Margarita.
El opio, obtenido del látex seco de las cápsulas de Papaver somniferum (adormidera), es una sustancia natural con alto poder adictivo debido a sus alcaloides principales como la morfina, codeína y papaverina. Estos alcaloides son la base farmacológica de muchos opioides semisintéticos y sintéticos actuales. Estos compuestos actúan sobre el sistema nervioso central, produciendo analgesia intensa, euforia y sedación, lo que ha motivado su empleo milenario en medicina tradicional y su extracción para fármacos modernos como analgésicos y antitusígenos. Su consumo conlleva tolerancia y dependencia física rápida, con un síndrome de abstinencia caracterizado por temblores, sudoración, náuseas y crisis hipertensivas al interrumpirlo. En sobredosis, provoca depresión respiratoria, coma o muerte.
Al instaurarse la química analítica con Robert Boyle en el siglo XVII, pero sobre todo a partir del siglo XVIII, solo el opio demostró tener actividad farmacológica entre los más de sesenta componentes de la triaca.
Bote para contener corteza de cítricos. Inscripción: «Cort. Citri.» (Corteza de cítricos). Cerámica de Bañolas. Siglo XVIII.
Componentes Triaca
Procedente de la botica Ferrer (Puigcerdá).
MFH 783. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
Las cortezas de naranjas y limones, en menor medida la de cidra, se emplearon como antiescorbúticos de manera empírica. Con ellas se preparaban jarabes refrescantes y diuréticos, indicados en los casos en que el paciente tuviera fiebres altas y sostenidas y necesitase injerir una ración de agua con objeto de reponer las cantidades perdidas. Estas cortezas tuvieron amplio empleo como aromatizantes de preparados medicinales.
Las cortezas de frutos cítricos han sido empleadas tradicionalmente como tónicos estomacales y carminativos, para favorecer la expulsión de gases intestinales. Además, se emplearon en la producción de algunos licores medicinales; para ello se utilizaban cortezas de naranjas y limones secas, cortadas en pedazos e introducidas en una botella de boca ancha con 2/3 de alcohol de 90º y 1/3 de agua común; bien tapada, se dejaba macerar durante nueve días, al cabo de los cuales se añadía azúcar. Este jarabe solía administrase después de las comidas para aliviar los problemas digestivos que la ingesta de alimentos hubiera podido producir.
Ibn al-Durayhim al-Mawsili.
Kitāb Manāfiʿ al-Ḥayawān (El libro de las utilidades de los animales), 1354.
Literatura
Edición facsímil del original en la Real Biblioteca de El Escorial. Sig.Árabe 898.
Museo de Medicina Infanta Margarita.
El libro de las utilidades de los animales, atribuido a Ibn al-Durayhim, siglo XIV, es un tratado de zoología aplicada propio del mundo islámico medieval. El texto reúne conocimientos sobre los usos medicinales y económicos de diversas especies animales, describiendo la aplicación terapéutica de partes del cuerpo animal —grasas, huesos, sangre o leche— en la farmacología y la práctica curativa. En este sentido, hay un capítulo dedicado a los beneficios de la carne de las serpientes.
La obra refleja una concepción utilitaria de la naturaleza, en la que el saber zoológico se integra con la medicina, la veterinaria y la tradición popular, combinando observación empírica
con herencias grecorromanas, persas y árabes. Su contenido ilustra el carácter enciclopédico y práctico de la ciencia islámica medieval y su interés por sistematizar el conocimiento natural
al servicio de la vida cotidiana.
Mientras que el Kitāb al-Ḥayawān de al-Jāḥiẓ es reflexivo y teórico, el Libro de las utilidades de los animales es práctico y aplicado, orientado al uso cotidiano del conocimiento animal.
Anónimo, atribuido a Abū Bakr Muḥammad ibn Zakariyyā al-Rāzī (Rhazes).
Kitab al-Diryaq (Libro de la Triaca). Ca. 1198-1199.
Literatura
Edición de trabajo de este manuscrito islámico sobre la Triaca. Editado por Aboca Museum Edizioni. El original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Es una obra médica clásica del mundo islámico medieval dedicada a la triaca (diryāq). El texto recopila los conocimientos heredados de la medicina grecorromana (especialmente de Galeno) y los desarrolla dentro de la tradición médica árabe-islámica. Es un claro ejemplo de cómo los médicos islámicos no solo tradujeron los saberes antiguos, sino que los sistematizaron, criticaron y ampliaron, influyendo después en la medicina europea medieval y renacentista.
La obra se le atribuye generalmente a Abū Bakr Muḥammad ibn Zakariyyā al-Rāzī (c. 865–925, conocido en Occidente como Rhazes), uno de los médicos más influyentes del mundo islámico medieval, fue también alquimista y filósofo persa.
En la lámina expuesta se ve a Andrómaco curando a su hermano mordido por una serpiente.
Dioscórides (ca. 40-ca. 90).
Literatura
Acerca de la materia medicinal y los venenos mortíferos / traducidos de lengua griega, en la vulgar castellana, e ilustrado con claras, y sustanciales anotaciones y con las figuras de inumerables plantas exquisitas, y raras, por el doctor Andrés de Laguna (1499-1559). En Valencia: en la imprenta de Vicente Cabrera, 1677.
Biblioteca Real Academia Nacional de Medicina.
Grabados xilográficos de la edición valenciana de Dioscórides, anotada por Andrés Laguna (1510-1559) e impresa por Vicente Cabrera en 1677.
El grabado muestra unas camisas enroscadas de dos serpientes. El epígrafe Senectus anguium o vejez de las serpientes está precedido por esta ilustración que muestra dos serpientes enroscadas. Dioscórides aborda el uso de la piel o camisa de serpiente tratada adecuadamente para «clarificar» la vista y aliviar el dolor de oído y dientes.
El «Cosechador» de víboras. Grabado de Wolfgang Meyerpeck (1505-1578) a partir de un dibujo de Giorgio Liberale (1527 – ca. 1579). Ilustración recogida en la edición valenciana de 1677 de la obra de Dioscórides. La escena representa a un cazador de víboras en el momento de capturar a dichos reptiles para introducirlos en un cesto.
La de cazador de víboras o «viborero» era una profesión que perduró, al menos en España, hasta mediados del siglo XX, tal como narra Ignacio Aldecoa en uno de sus relatos, «Los hombres del amanecer», recogido en «El corazón y otros frutos amargos» (Madrid, 1959), donde dos cazadores de víboras vendían a un laboratorio los reptiles capturados, a un precio de cuatro pesetas cada ejemplar.
Calendario astrológico batak. Sumatra.
La serpiente en otras culturas
Omoplato de cerdo con incisiones en anverso y reverso. Siglo XX.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
El calendario astrológico batak, conocido como porhalaan, es un sistema lunisolar de Sumatra, Indonesia, utilizado por los chamanes para determinar días propicios para eventos de la vida (ej., cuándo sembrar o viajar), más que para el cálculo del tiempo. Consta de 12 meses, cada uno con 30 días divididos en 3 grupos de 10, basados en las fases lunares y constelaciones como Orión y Escorpio. Se labraban sobre madera o huesos (pustaha).
En el anverso de este pustaha de cerdo aparece el calendario y en el reverso, cara presentada, una serpiente cuyo significado es fundamentalmente mágico-protector y ligado al orden del cosmos y del tiempo. Como en otras culturas lejanas, la serpiente tiene poderes de protección frente a infortunios, enfermedades y espíritus dañinos. Con sus ciclos regenerativos (la ecdisis) y el vínculo con la tierra (su hábito ctónico), hacen que la serpiente sea el referente en la cultura batak de los fenómenos naturales cíclicos, del retorno periódico, como son las siembras.
Pulsera tricéfala, pueblo lobi.
Bronce. Burkina Faso.
La serpiente en otras culturas
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Los lobi son un grupo étnico que reside principalmente en el suroeste de Burkina Faso, alrededor de Gaoua, así como en áreas del norte de Costa de Marfil y Ghana. Conocidos como guerreros fieros y tradicionalistas independientes, resistentes a la autoridad central, históricamente dependieron de los hechiceros de la aldea para el gobierno, en lugar de reyes o jefes. El nombre lobi se traduce como «hijos del bosque», lo que refleja sus orígenes como cazadores-recolectores que más tarde se centraron en la agricultura, la ganadería y la artesanía.
La pulsera tricéfala del pueblo lobi en bronce es un artefacto tradicional, usado como joyería ritual o de combate, se caracteriza por su diseño. En este caso, con tres cabezas de serpiente que simbolizan protección espiritual o poder ancestral. Este tipo de brazalete, elaborado mediante la técnica de fundición a la cera perdida, presenta decoraciones exteriores como resaltos o cordones rematados en casquetes esféricos.
Moneda de la dote, mumuye.
Hierro forjado. Nigeria. Siglo XIX-XX.
La serpiente en otras culturas
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Datadas entre finales del siglo XIX y el XX, las llamadas «monedas de la dote» son una forma de dinero tradicional de hierro forjado usadas por muchos pueblos del oeste de África, en este caso la etnia mumuye (Nigeria). Forjadas por herreros locales, tienen un formato muy escultórico y tamaño variable. Pueden tener formas muy diferentes como puntas de lanza, collares, campanas, flores, antorchas. Se usaban en contextos de prestigio y de intercambio matrimonial más que como simple moneda de uso cotidiano. Además de sellar compromisos matrimoniales, también se intercambiaban como tributo en la relación entre pueblos, lo que refleja su función simbólica de vínculo y compromiso.
La fuerte carga estética y ritual de esta moneda mumuye se incrementa al tratarse de una serpiente de dos cabezas cuyo significado simbólico es muy profundo en diversas tradiciones culturales del oeste de África. La bicefalia de la serpiente representa realeza, fertilidad, lluvia, arco iris, trueno y relámpago, así como protección y dualidad vital, el equilibrio entre opuestos (bien/mal, fertilidad/sequía, cielo/tierra), un tema recurrente en las creencias africanas donde las serpientes encarnan fuerzas primordiales y transformadoras.
Madera policromada, recortada de la pared de una casa funeraria, con decoración geométrica en forma de serpientes estilizadas.
La serpiente en otras culturas
Pueblo toraja en Sulawesi, isla de Célebes. Indonesia. Siglo XX.
Colección particular de Dª Nuria Llopis.
Los toraja en la isla de Célebes, son famosos por sus rituales funerarios en los que hay un fuerte sincretismo religioso, entre el animismo (precolonización) y el cristianismo (por la colonización holandesa). Los toraja reciben el nombre (to=gente, raja=de las tierras altas) por ocupar zonas elevadas donde se alzan sus monumentos funerarios. En forma de proa de barco, las casas funerarias son las tongkonan houses. Cada familia construye la suya donde se recuerdan a los deudos aunque no están enterrados en ellas. Estas estructuras, elevadas sobre pilotes y con techos en forma de cuernos de búfalo, usan tallas de madera (pa’ssura) y colores naturales para comunicar linaje y prosperidad. De la entrada cuelgan las cornamentas de los búfalos sacrificados en los rituales funerarios.
Las paredes se cubren de representaciones geométricas, que se tipifican en tres grupos, las espirales simbolizan serpientes estilizadas y tienen un significado de conexión entre el mundo de los vivos y los muertos. También los colores tienen su significado simbólico (rojo: vida y sangre, negro: oscuridad y muerte, blanco: pureza, carne y hueso, amarillo: bendición divina y poder). La decoración simbólica refleja el estatus social, la cosmovisión animista y el ciclo vital-muerte, como la ecdisis de las serpientes.
Imperio maliense djené, s. XIV-XV.
Alain and Alexia Freylich Col., Bruselas.
La serpiente en otras culturas
Reproducción en terracota por Carmen Alvar.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Las terracotas de Djenné (Mali) son esculturas y vasijas de barro cocido producidas en el entorno del yacimiento arqueológico Djenné-Djenno, uno de los núcleos urbanos más antiguos del África subsahariana, activo desde el siglo III a. C. aunque su máximo esplendor lo alcanzó entre los siglos X al XVII.
Las figuras muestran una gran expresividad y variedad de posturas: hombres, mujeres, parejas y, de forma muy significativa, jinetes a caballo, algo excepcional en el arte africano por la dificultad de criar caballos en la franja sudanesa. Muchas piezas presentan escarificaciones o pústulas (a veces relacionadas con la viruela) modeladas por todo el cuerpo, a menudo en disposición circular o en bandas, lo que confiere una fuerte carga expresionista, como es el caso de esta serpiente hocicuda.
Las terracotas se hallan dispersas en amplias superficies de los depósitos arqueológicos, lo que sugiere usos variados: desde contextos domésticos y de prestigio hasta posibles funciones rituales o funerarias. El arte de Djenné se vincula a sociedades urbanas complejas, con comercio (incluida la circulación de hierro), jerarquías sociales y redes regionales en la cuenca del Níger.
Bourdon, Sébastien (1616-1671)
Religión y serpientes
Moisés y la serpiente de bronce. Ca. 1653-54.
Reproducción. Real Academia Nacional de Medicina.
«Moisés y las serpientes” alude al episodio bíblico narrado en Números 21:4-9:
Partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo en el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos habéis hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Porque no hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano [el maná]. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y aconteció que cuando alguna serpiente mordía a alguno, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía.
Aquí, la serpiente de bronce se convierte en un «tipo» o prefiguración de Cristo. La serpiente colgada en el madero, que cura el veneno del pecado, se equipara con Cristo en la cruz. Más tarde, el rey Ezequías destruye la serpiente idolatrada (Reyes 18:4).
Estuche con medicamentos para el tratamiento de mordeduras de serpiente. Ca. 1900
Antídotos
«Traitement rationnel des morsures de serpents venimeux. Trousse Michel legros. Limoge».
CE2013; CE1766. Museo de Medicina Infanta Margarita.
El estudio de los venenos de serpientes ha sido clave en el desarrollo de numerosos fármacos modernos, especialmente en el ámbito cardiovascular y hemostático. Un ejemplo destacado es el captopril, primer inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina, diseñado a partir de un péptido presente en el veneno de serpientes del género Bothrops. Este avance revolucionó el tratamiento de la hipertensión arterial, la insuficiencia cardiaca y la nefropatía diabética, y dio lugar al desarrollo de otros fármacos similares como enalapril y lisinopril.
En el campo de la hemostasia, diversas toxinas ofídicas han servido de base para la creación de agentes antitrombóticos y antiagregantes plaquetarios utilizados en síndromes coronarios agudos y procedimientos como la angioplastia. Asimismo, componentes derivados de venenos se emplean en la elaboración de hemostáticos y adhesivos biológicos, como las colas de fibrina, útiles para controlar el sangrado en cirugía.
Por último, el suero antiofídico representa el aprovechamiento terapéutico más directo del veneno, siendo el único tratamiento eficaz frente a los accidentes ofídicos. Paralelamente, continúan las investigaciones sobre nuevas aplicaciones, como el tratamiento del dolor crónico, lo que confirma el gran potencial farmacológico de los venenos de serpientes.
Culebra de cogulla occidental (Macroprotodon brevis).
Serpientes ibéricas
MNCN-HERP 11991-11992. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Macroprotodon brevis conocida comúnmente como culebra de cogulla occidental, es una especie que pertenece a la familia Colubridae. Se distribuye por el sur y este de la Península Ibérica y norte de África, donde ocupa ambientes mediterráneos como matorrales, zonas pedregosas y áreas semiáridas. Presenta un tamaño pequeño, rara vez superando los 50 cm, y una coloración grisácea o parda, con varias líneas longitudinales de pequeñas manchas oscuras. Destacan una mancha en forma de V en el píleo y un collar nucal oscuro, rasgos clave para su identificación. Es una especie de hábitos mayoritariamente nocturnos, de comportamiento discreto y excavador. Posee colmillos posteriores y glándulas de veneno funcionales para inmovilizar presas, siendo especialista en reptiles, como culebrillas ciegas y pequeñas lagartijas. Su mordedura no supone un riesgo para el ser humano.
Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus).
Serpientes ibéricas
MNCN-HERP 38016. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Malpolon monspessulanus, conocida como culebra bastarda, es una de las serpientes más grandes de Europa, pudiendo superar los dos metros de longitud. Se distribuye por la Península Ibérica, costa mediterránea francesa, y el norte de África ocupando una amplia variedad de ambientes mediterráneos, como matorrales, zonas abiertas, áreas agrícolas y regiones semiáridas. Presenta un cuerpo alargado y robusto, con una coloración que varía notablemente con la edad y el sexo; los juveniles y las hembras muestran un patrón muy contrastado de tonos negros, blancos, grises y pardos, con un marcado valor críptico, mientras que los machos adultos suelen presentar una coloración más uniforme, entre marrón y verdosa, con una característica mancha oscura en el dorso, inmediatamente detrás de la cabeza. Es una especie activa y principalmente diurna, excelente cazadora de reptiles, aves y pequeños mamíferos. Posee colmillos posteriores y glándulas de veneno (opistoglifa), de toxicidad moderada, que raramente provoca efectos graves en humanos.
Víbora cantábrica (Vipera seoanei).
Serpientes ibéricas
MNCN-HERP 40152. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Vipera seoanei conocida como víbora cantábrica, es una serpiente venenosa endémica del norte de la Península Ibérica y el suroeste de Francia. Es una especie de tamaño mediano, alcanzando entre 50 y 70 cm de longitud total. Presenta una coloración muy variable; puede ser uniforme, en tonos grises, pardos o rojizos, incluyendo individuos melánicos, o mostrar patrones bien definidos, como diseños bilineados o, más comúnmente, un patrón dorsal en zigzag oscuro, acompañado de un vientre más claro, a veces con moteado. Es una especie principalmente diurna y de comportamiento sigiloso, que pasa gran parte del tiempo camuflada entre la vegetación de prados, matorrales y bordes de bosques húmedos. Vipera seoanei posee colmillos frontales solenoglifos y un veneno de acción predominantemente hemotóxica, que emplea para inmovilizar a sus presas, principalmente pequeños mamíferos, reptiles y anfibios. Diversos estudios han señalado la existencia de variación geográfica en la composición y actividad del veneno entre distintas poblaciones, incluidas las de la cordillera Cantábrica. En humanos, su mordedura suele provocar dolor y efectos locales, pero rara vez resulta grave.
Víbora hocicuda (Vipera latastei).
Serpientes ibéricas
MNCN-HERP 8978. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
La víbora hocicuda (Vipera latastei) habita en la mayor parte de la Península Ibérica a excepción de su extremo septentrional. Su nombre común hace referencia a la particular morfología del rostro, donde destaca un apéndice nasal orientado hacia arriba. Es de tamaño mediano, pudiendo superar los 60 cm de longitud total y de aspecto robusto, similar al de otras especies del género Vipera. La coloración varía entre tonos grises, pardos o rojizos, con un patrón dorsal en zigzag más oscuro, cuyos bordes pueden ser ondulados o afilados según la región, y un vientre claro. Habita áreas con abundante cobertura rocosa, aunque también ocupa zonas de ecotono de matorrales y de bosques. Su actividad es principalmente diurna, si bien en el sur de la península, especialmente en Andalucía, se han registrado individuos activos durante la noche. Vipera latastei posee colmillos frontales solenoglifos y un veneno de acción predominantemente hemotóxica, con componentes citotóxicos y miotóxicos leves, que emplea para inmovilizar a sus presas, entre las que se incluyen pequeños mamíferos, reptiles, anfibios y aves. En humanos, la mordedura suele provocar dolor y efectos locales, pero rara vez conlleva complicaciones graves.
Víbora de cadena o víbora de Russell (Daboia russelli).
Serpientes venenosas
MNCN-HERP 20704. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Daboia russelii, conocida también como víbora de Russell, es una serpiente venenosa distribuida por el subcontinente indio y parte del sudeste asiático, incluyendo India, Sri Lanka, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Myanmar. Habita una amplia variedad de ambientes, como praderas, matorrales, zonas agrícolas y áreas periurbanas. Pertenece a la subfamilia Viperinae, y por tanto carece de fosetas loreales. Se reconoce por su cuerpo robusto y por el patrón dorsal de grandes manchas ovaladas bordeadas de claro. Su veneno es principalmente hemotóxico, con potentes efectos sobre la coagulación sanguínea, aunque también puede causar fallo renal y alteraciones sistémicas graves. Daboia russelii presenta además una notable variación geográfica del veneno, lo que ha supuesto un problema importante para el desarrollo de antivenenos eficaces. A pesar de no ser especialmente agresiva, es responsable de un elevado número de mordeduras y muertes humanas, convirtiéndola en una de las serpientes más peligrosas de Asia.
Cobra escupidora (naturalizada) Naja sputatrix.
Serpientes venenosas
MNCN-HERP 51641. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Naja sputatrix, conocida como cobra escupidora de Java, es una serpiente venenosa del sudeste asiático. Se encuentra en islas de Indonesia como Java, Bali, Lombok, Sumbawa, Flores, Komodo, Alor, Lomblen y Sulawesi, donde habita bosques secos, zonas agrícolas y entornos periurbanos. El nombre específico sputatrix procede del latín spūtātor, derivado de spūtō («escupir»), y hace referencia directa a la capacidad de esta especie para proyectar veneno a distancia. Así, su defensa más característica consiste en proyectar chorros de veneno dirigidos a los ojos de posibles agresores, lo que provoca un dolor intenso y puede causar lesiones oculares graves. Esta capacidad de “escupir” veneno a cierta distancia no es exclusiva de esta especie, sino que ha evolucionado de forma independiente en varios representantes del género Naja, tanto en África como en Asia, así como en el género africano Hemachatus (conocido como rinkhals). Se considera una estrategia defensiva de largo alcance, que ha evolucionado como respuesta a la presión selectiva del ser humano, que a diferencia de otros depredadores potenciales puede atacar a la serpiente utilizando recursos mientras se mantiene a cierta distancia.
Mamba verde (Denroaspis jamesoni)
Serpientes venenosas
MNCN-HERP 22789. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Dendroaspis jamesoni, o mamba de Jameson, es una serpiente venenosa africana de hábitos principalmente arborícolas. Se distribuye por África central y oriental, habitando selvas tropicales, bosques secundarios y zonas arboladas cercanas a áreas cultivadas. El género Dendroaspis incluye algunas de las serpientes más rápidas y venenosas del mundo y comprende, además de D. jamesoni, otras tres especies: Dendroaspis polylepis, la mamba negra, ampliamente distribuida en sabanas y bosques abiertos del África subsahariana; Dendroaspis angusticeps, la mamba verde oriental, propia de la costa oriental africana; y Dendroaspis viridis, la mamba verde occidental, restringida al África occidental. Todas las mambas presentan dentición proteroglifa y un veneno altamente neurotóxico.
Jérôme Auzoux (1797-1880).
Zoología
Cabeza de víbora, Modelo anatómico desmontable. Papel maché n. Ca. 1877.
Museo Instituto Educación Secundaria San Isidro, Madrid.
Louis Thomas Jérôme Auzoux (1797-1880), anatomista francés nacido en Saint-Aubind’Écrosville, Normandía, revolucionó la enseñanza médica con sus modelos de «anatomía clástica». Graduado en Medicina en 1818, trabajó con Guillaume Dupuytren en el Hôtel-Dieu de París, donde la escasez de cadáveres le impulsó a innovar en la educación.
En 1820, inspirado por las técnicas de papel maché, desarrolló modelos desmontables usando pulpa de papel, cola, corcho y pasta. Su primer «hombre clástico» de 66 piezas (1825), de 1,80 m, permitía disecciones repetibles con una precisión anatómica asombrosa. Tanto fue el éxito de sus obras de anatomía humana (el cuerpo hasta con 125 piezas), que saltó a la anatomía veterinaria, embriones, plantas, insectos y órganos. Sus modelos se exportaron a 41 países y fueron premiados en la Exposición Universal de 1851. Sus modelos se consideran hoy verdaderas obras de arte.
Fundó la Maison Auzoux en 1827 en su pueblo natal, que en 1868 empleaba a 80 personas y producía cientos de modelos anuales. Sus trabajos llegaron a universidades españolas como las de Madrid (1873) y Santiago (1874), y también a institutos de enseñanza media como el «San Isidro» de Madrid o el «Padre Suárez» de Granada.
Realizó tres cabezas de víbora, una expuesta, desentrañando la anatomía de las glándulas salivares, las glándulas venenosas y los colmillos que tantos quebraderos de cabeza ocasionaron a Redi y Charas.
Tarros de farmacia para ungüentos. Loza de barro. Países Bajos. S. XVII. Y Tapones de frasco de triaca. Plomo. Italia, de 1603.
Triaca y farmacia
En tarros como estos se almacenaba y dispensaba la triaca una vez fermentada. Se tapaban con tapones de plomo con el sello de la farmacia que la suministraba. Estos pertenecen a la famosa farmacia veneciana «La farmacia alla testa d’oro» en Rialto, Venecia.
CE2028; CE1816; CE2025. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Una vez fermentados los simples, el producto pasaba a su conservación. Al respecto, Lorenzo Pérez en el Libro de Theriaca limpio de los errores hasta nuestros tiempos en ella cometidos, 1575, señala que para su mantenimiento, «antiguamente» se empleaban recipientes de plata o incluso de oro, pero que [ahora] «se pueden usar recipientes de barro vidriado» que se tapaban con sellos de plomo con la marca de la farmacia.
Una vez que la triaca había sido dispensada en los recipientes de barro vidriado, se tapaban con sellos de plomo con la marca de la farmacia. Unas cuarenta farmacias de Venecia recibieron autorización oficial para producir y vender triaca. Entre las más famosas estaba «La farmacia alla testa d’oro», que operaba en Rialto desde 1565.
En estos excepcionales y originales tapones se lee el nombre de la farmacia y del producto, el año de producción (1603), y en el centro aparece la efigie de Andrómaco.
Orza procedente de un hospital de la Orden Tercera de San Francisco. Inscripción: ‘Theriaca’. Siglo XVII.
Triaca y farmacia
MFH 3038. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
Las orzas son vasijas de boca ancha, base plana, con dos asas, vidriadas tanto en el exterior como en el interior. Tenían capacidad para conservar desde medio litro hasta diez litros de preparados como la triaca y productos untuosos.
Los ingredientes utilizados variaron en número, cantidad y condición, dependiendo de la época, del uso al que fuera dedicada y del boticario encargado de su elaboración. Todas las sustancias que intervenían en su composición eran desecadas y trituradas, hasta formar una mezcla homogénea, y disueltas en trementina, vino y una cantidad abundante de miel, que actuaba como excipiente, siendo la triaca, por esta razón, considerada un electuario.
La triaca se convirtió en un artículo importante de comercio en la Europa occidental; la de origen veneciano fue especialmente valorada. En los inicios del siglo XIX, con el desarrollo de la química, comenzaron a aparecer las primeras discusiones serias sobre la efectividad real de las triacas, y su importancia empezó a decaer.
Para uso externo como producto untuoso, solía emplearse a modo de pomada estopada, esto es disuelta en vino y aplicada sobre una estopa a modo de cataplasma. Para las afecciones internas la dosis habitual era de 4 gramos para los adultos, y de entre 50 centigramos a 2 gramos para los niños, según su edad, pudiendo tomarse en estado sólido o disuelta en agua o vino.
Gran mortero de mármol. Probablemente de origen italiano, de fecha imprecisa. La representación del caduceo y la serpiente son símbolos de la Farmacia.
Triaca y farmacia
CE1995. Museo de Medicina Infanta Margarita.
El mortero es una herramienta indispensable en la preparación de medicamentos, permite triturar y mezclar los ingredientes hasta obtener la consistencia adecuada. Elementos como el material, tamaño o diseño han variado al albur de las modas o de las necesidades y disponibilidades de cada momento; con todo, el bronce, la madera y, en menor medida, la piedra, han estado presentes en su confección.
El mortero y la mano se han utilizado como símbolos de la profesión farmacéutica; su empleo queda constatado desde el papiro de Ebers (c. 1500 a. C.) y el poeta satírico romano Decimo Julio Juvenal (60-128) remite a él como símbolo de los preparadores de medicamentos.
En las culturas americanas, en particular en el mundo incaico, fue frecuente emplear morteros de piedras duras en las que, junto a otros animales, como cabezas de puma o de jaguar, se representan serpientes. Su empleo tuvo carácter ritual, fueron empleados por chamanes para elaborar sustancias alucinógenas que permitían conectar el mundo de la tierra con los planos cósmicos, donde la figura de la serpiente asume todo su simbolismo.
Este mortero de piedra, de procedencia italiana, tiene una una serpiente que bordea la boca del caduceo del que puede beber. Piezas como esta, esféricas y con cuatro agarraderos, se fabricaron en el mundo mediterráneo desde el siglo XVII a nuestros días; algunas como elementos ornamentales.
Botijo para contener medicamentos.
Inscripción: «O. Rosato» (Aceite rosado). Siglo XVIII.
Componentes Triaca
MFH 3487. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
Un botijo es una vasija de cuerpo esferoide, un asa en su parte superior, y dos o más orificios; por lo general se llama ‘boca’ al más ancho, por el que se llena, y ‘pitón’ o ‘pitorro’ al otro, que produce un fino chorrillo ideal para beber sin demasiado desperdicio. Los botijos empleados en las boticas para conservar medicamentos están vidriados para evitar el principio de funcionamiento del botijo tradicional: la evaporación del líquido contenido, ya que ello dañaría la conservación de medicamento.
El aceite rosado, conocido como ‘oleum rosarum‘, ‘rhodmon’, ‘rondelei’, ‘rodon’ y variantes similares, se preparaba con parte iguales de pétalos de rosas pálidas y de rosas amarillas; estos se contundían en un mortero de mármol y se exponían, junto al aceite, a un fuego suave hasta evaporar toda humedad; el resultado se tamizaba haciéndolo pasar, primero, por un lienzo y, posteriormente, se filtraba por papel.
Este aceite fue empleado, en aplicaciones externas, como cataplasma, para la curación de las quemaduras; fue base fundamental del ‘ungüento de santa Águeda’, destinado a amortiguar el dolor de las grietas de los pechos; del ‘bálsamo de Ricour’, un ungüento destinado a tratar úlceras indolentes; y del ‘bálsamo policresto de Lemery’, de actividad antipútrida, destinado a consolidar las heridas ulcerosas. En forma de masa blanca, aplicada sobre la frente y las sienes, en el producto denominado ‘frontal de Fuller’, se utilizó contra las afecciones reumáticas. Por vía interna fue utilizado como un contraveneno, en especial para evitar las intoxicaciones fúngicas.
Albarelo. Inscripción: «Ol. Laurin» (Aceite de laurel). Siglo XVIII.
Componentes Triaca
MFH 95. Museo de la Farmacia Hispana (UCM).
Un albarelo es un recipiente de cerámica, de forma cilíndrica, usado para almacenar drogas y preparaciones viscosas, casi nunca líquidos. Dispone de una boca ancha que permite introducir la mano y de una base plana que facilita su almacenamiento en estanterías. El cilindro se encuentra entallado en su parte central con el objeto de facilitar su agarre; los primeros albarelos se tapaban con un papel o pergamino fijado en la boca del recipiente con un cordel, con posterioridad se diseñaron tapas de madera.
Las bayas y hojas de laurel tuvieron una amplia consideración entre los terapeutas; las hojas verdes, a modo de emplasto, se emplearon para amortiguar el dolor producido por las picaduras de abejas y avispas; mezcladas con harina o miga de pan mitigaban toda inflamación; bebidas, inducían al vómito. Las bayas, majadas e incorporadas con miel o vino dulce, dadas en forma de lamedor, se recomendaban para tísicos, asmáticos y, en general, contra los humores del pecho; mezcladas con vino, las bayas atenuaban el efecto de las picaduras del escorpión; su zumo, con vino añejo y aceite rosado, solía emplearse, por aplicación local, contra la falta de audición o cualquier dolor de oídos. La corteza de la raíz rompía las piedras formadas en el interior del organismo y, con el mismo criterio, se le reconocieron efectos abortivos.
Moyse Charas, (1619- 1698).
Literatura
Nouvelles Experiences sur la Vipere, ou l’on verra une description exacte de toutes ses parties, la source de son venin ses divers effets, et les remedes exquis.
Paris: L’auteur et Olivier de Varennes, 1669.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Moyse Charas se suma al criterio de la mayoría de los autores, como Bustamante de la Cámara en su De animantibus Scripturae Sacrae, reptilibus…, 1595, quien reafirma que la fuerza de la triaca residía sobre todo en la carne de la víbora por sus admirables virtudes capaces de «abrir, enfriar, calentar y disolver… que se pueden admirar, pero no explicar». Charas trata de aclararlo por la sinergia entre compuestos porque «…al mezclarse hace(n) que surja una facultad totalmente sublime entre ellos, la cual no se encuentra en ninguno de los ingredientes antes de su confusión mutua».
Charas propone ahogar las víboras en vino y «flagelarlas» antes de cocerlas, cambia los simples e introduce otros cambios en la fórmula de la triaca pero sin aclarar dónde reside el veneno. Es, sobre todo, un excelente anatomista de las víboras en las que ha realizado innumerables disecciones hasta identificar unas glándulas debajo del ojo, que Redi admite no haber logrado disecarlas, pero a las que solo les atribuye la formación de saliva que, efectivamente, es inoculada por los colmillos sin consecuencias. Insiste en la necesidad de que la serpiente se encolerice para que su sangre y carne se impregnen de veneno pero no llega a explicar su origen. Cuando la víbora bufa iracunda, en esa exhalación hay veneno como lo hay por todo el cuerpo.
Su libro alcanzó mucha popularidad por su lenguaje llano y preciosos grabados.
Francesco Redi (1926- 1697).
Literatura
Osservazioni intorno alle vipere…rivedute dall’autore, e da lui scritte in una lettera all’Illustr. Sig. Conte Lorenzo Magalotti.
In Firenze, per Piero Matini, all’Insegna del Lion d’oro, 1686.
En la misma encuadernación: Lettera di Francesco Redi accademico della Crusca sopra alcune opposizioni fatte alle sue osservazioni intorno alle vipere. In Firenze, per Piero Matini, 1685.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
El texto de 1664, citado antes, había creado una gran polémica por considerar inútil el uso de la carne de la víbora en la triaca. Afectaba muchos intereses económicos. Redi, obsesionado por las críticas, llegó a realizar más de 300 experimentos porque: «Cada día me confirmo más en mi resolución de no querer dar fe a las cosas naturales, salvo a las que veo con mis propios ojos, y a menos que la experiencia repetida y reiterada me lo confirme».
Los muchos trabajos experimentales de Redi, consecutivamente demostraron en varias especies animales que el veneno no es fruto de la cólera de la víbora ni que la ingesta de su carne sea tóxica y, por tanto, su administración periódica en pequeñas dosis no puede proteger en caso de envenenamiento (objetivo primordial por el que se desarrolló la triaca). Aunque no fue capaz de identificar las glándulas venenosas de la víbora, determinó que el veneno estaba en la saliva que fluye a través de los colmillos al ser clavados, requisito imprescindible para que sea nocivo y que si se ingiere saliva, no es tóxica.
Para muchos, Redi inaugura la toxicología experimental.
Francesco Redi (1926- 1697).
Literatura
Oposculorum.Tomus alter. Experimenta Naturalia, 1685 Apud Henr. Wetstetenium, Amsterdam.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Redi publicó su Opusculorum. Experimenta circa varias res naturales en 1636 y en él incluía sus primeras Observationes de viperis junto con la traducción al latín de su obra de 1664 sobre el veneno de las víboras. El texto de 1664 había inaugurado una gran controversia sobre la utilidad de la carne de víbora en la triaca, en especial con Moyse Charas, cuyo libro está expuesto también. En un momento llega a decir: “… porque cada vez me doy más cuenta de lo difícil que es espiar la verdad defraudada por mentiras, y de que muchos escritores, tanto antiguos como modernos, se parecen a esas ovejitas…”.
En el frontispicio de esta obra, firmado por Cornelis Decker, se representa la alegoría del enfrentamiento de Redi con sus oponentes: Minerva sentada ante una mesa con instrumentos de investigación (microscopio) está rechazando la oferta de la riqueza de las Indias, un armadillo y una piel de serpiente por no poder comprobar su efectividad médica.
Orta, García de (ca. 1500-ca. 1568)
Literatura
Due libri dell’Historia de i semplici, aromati, et altre cose, che vengono portare dall’Indie Orientali pertinenti all’uso della Medicina. In Venetia: Appresso Francesco Ziletti, 1582.
Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
El sentido histórico del término «simple» procede de la farmacopea galénica y medieval: los simples eran medicamentos individuales formados por una sola sustancia activa (una planta, un mineral, un producto animal) usados tal cual o con mínima preparación, en contraposición a los «compuestos», elaborados con varios ingredientes. En la triaca se mezclaban muchos simples sin elaborar, en lo que es un polifármaco que pretende curar varias enfermedades.
Hay muchos tratados musulmanes y occidentales que analizan cada simple con sus propiedades, aunque especial interés despertaron los simples que llegaban de América después del Descubrimiento. Es el caso de la obra que se presenta en la exposición, dos libros en uno: Due libri dell’Historia de i semplici,… uno de García de Orta y otro de Nicolás Monardes.
Garcia de Orta (1501-1568), médico y botánico portugués sefardí, fue un pionero en farmacognosia. Trabajó en las Indias portuguesas, especialmente en Goa y Bombay, donde documentó plantas locales mediante observación directa, cuestionando la autoridad de Galeno y Dioscórides. Nicolás Monardes (ca. 1493-1588), médico y botánico sevillano, también destacó en farmacognosia. Se formó en Alcalá de Henares y Sevilla, donde ejerció con éxito, cultivó y estudió las plantas que llegaban de América.
Sébastien Stosskopf (1597-1657).
Vanité au pot de Thériaque, 1627. Copia actual anónima.
Literatura
Real Academia Nacional de Medicina.
La pintura Vanité au pot de Thériaque de Sébastien Stosskopf (1627) se inscribe en la tradición del género de la vanitas, muy popular en la Europa del siglo XVII. Este tipo de obras busca reflexionar sobre la fugacidad de la vida, la mortalidad y la vanidad de los logros humanos, mediante la representación de objetos simbólicos. La inclusión de la copa de la triaca sirve para señalar la fragilidad de la salud y la transitoriedad de los remedios humanos frente a la muerte, reforzando la reflexión moral central de la vanitas.
Sébastien Stoskopff fue un pintor barroco alsaciano nacido en Estrasburgo en 1597 y fallecido en Idstein en 1657. Es considerado una de las figuras más destacadas del género de la naturaleza muerta y la vanitas en la Europa del siglo XVII. Su estilo combina influencias flamencas, alemanas y francesas en el que demuestra su maestría en el tratamiento de la luz.
Serpiente bicéfala mixteca. Reproducción en resina del British Museum. Siglo XXI.
La serpiente en otras culturas
CE2027. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Se trata de un regalo que le realizó Moctezuma a Hernán Cortés. Procedente de la cultura mixteca (siglo XV-XVI). Está pintada en color verde representando la fuente de la vida, abundancia, transformación, renovación o resurrección.
La coincidencia de la llegada de los españoles con una serie de eventos en los cómputos calendáricos, hizo que se tomaran a los españoles por embajadores de Quetzoalcóatl. El simbolismo de esta figura nos remite a la idea de una entidad primigenia y misteriosa. Es asimilada al color verde, como fuente de vida, abundancia y transformación y renovación o resurrección. Podemos observar esta misma idea, con las particularidades propias de cada cultura. Lo vemos en el Egipto antiguo como el león doble Akher o Ajet, serpientes y otros seres duales en el extremo y medio oriente, en la cuenca del mediterráneo, en emblemas y atributos de autoridades de muchos pueblos antiguos.
Lacépède, Bernard-Germain-Étienne, Comte de (1756-1825)
La serpiente en otras culturas
Histoire naturelle des quadrupèdes ovipares et des serpens. Tome quatrieme Paris. Hôtel De Thou, 1788-1790.
Grabado representando una serpiente bicéfala y una lombriz. Biblioteca Real Academia Nacional de Medicina.
Ilustración de la «serpiente monstruosa de dos cabezas» y la lombriz. Grabado de Marie-Anne Rousselet, la «Viuda Tardieu» (1732-1826) sobre un dibujo de Jacques de Sève (act. 1742-1788) que representa una serpiente bicéfala y una lombriz. La policefalia entre las serpientes es extraordinaria. Por lo general, no viven mucho, aunque en cautividad pueden alcanzar más de diez años de edad. La mitología recoge estos especímenes con diferentes apelativos: Hidra, hija de Tifón y Equidna entre los griegos; anfisbena o serpiente con una cabeza en cada extremo de su cuerpo, como describen los aztecas.
Estatua de bronce que representa a Naga Kanya.
Indonesia. Siglo XX.
La serpiente en otras culturas
Museo de Medicina Infanta Margarita.
Naga Kanya, conocida como «Doncella Naga» o «Hija de la Serpiente», es una deidad de la mitología hindú y budista que representa a una mujer con torso humano y cuerpo inferior de serpiente. Encarna la fertilidad femenina y la transformación; influye en arte, astrología védica y prácticas ayurvédicas, recordando la conexión entre naturaleza, protección y despertar espiritual.
Aparece en tradiciones hindúes como reina benevolente de los Nagas, seres semidivinos serpenteantes del inframundo (Patala), guardianes de aguas sagradas, tesoros y fertilidad. Vinculada a Lakshmi (diosa hindú de la prosperidad) y deidades como Vishnu (dios que mantiene el orden cósmico) y Shiva (dios benefactor y destructor que todo lo puede), simboliza renovación, como la muda de piel de las serpientes, y sabiduría terrenal.
Se le muestra de muchas maneras, con varias cabezas de cobra formando una corona, con joyas elaboradas, con una concha en la mano y sobre una flor de loto, denotando pureza espiritual. Su forma híbrida une lo humano y lo divino, protegiendo contra venenos y calamidades.
Virgen Quiteña. Escultura en madera policromada de la Virgen de Quito. Siglo XVIII.
Religión y serpientes
Siguiendo el modelo iconográfico del escultor Bernardo de Lagarda (ca. 1700-1773). Corona de plata repujada.
CE2023. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Virgen Inmaculada en posición serpenteante. Con atributos de la mujer apocalíptica (las alas, en este caso no conservadas) y de la Inmaculada Concepción (la media luna), aparece pisando una serpiente en alusión al Pecado Original (Génesis 3:15): «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar».
Esta pieza sigue el modelo iconográfico del escultor Bernardo de Legarda (ca. 1700-1773), conservándose el original en la iglesia de San Francisco de la capital ecuatoriana. Dicho escultor generó una importante escuela de escultores que produjeron una gran cantidad de representaciones de este estilo.
Candelabro de la catedral de Segovia, en el acceso a la sala Capitular. Realizada por el entallador Juan Rodríguez en 1516. Réplica por David Aranda, 2025.
Religión y serpientes
CE2029. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Denominada «serpiente-candelero», iconográficamente representa la fragilidad de la humanidad ante el pecado, pecado que se figura como una serpiente con cabeza de mujer, enrollada al que podría ser el Árbol de la Ciencia.
La representación de la serpiente que induce al pecado no es exclusiva del Antiguo Testamento; del mismo modo que tentó a los primeros padres Adán y Eva en el Paraíso Terrenal, también frustró la felicidad de Gilgamesh y Enkidú al ofrecerles comer el fruto de la eternidad, condenando de esa manera a la humanidad a ser mortales. Tanto en la literatura mesopotámica como en la iconografía cristiana, la serpiente con cara femenina aparece enroscada en el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
Von Gessner, Conrad. (1516-1565). Historia de los animales. 1560.
Religión y serpientes
Ilustración coloreada a mano procedente del libro IV sobre los peces donde se representa una gran serpiente marina atacando un barco noruego. Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
También el norte de Europa posee sus propias tradiciones y mitologías vinculadas a los ofidios. En la cosmovisión nórdica y germánica, la serpiente vuelve a asumir su papel simbólico como encarnación del caos y frontera del mundo, dentro de un relato profundamente marcado por el fatalismo.
En este marco destaca la figura de Jörmungandr, la Serpiente de Midgard (la Tierra), protagonista de una de las narraciones más significativas. Hija de Loki y de la giganta Angrboda, fue arrojada por Odín al océano que circunda Midgard, temeroso del desastre que provocaría. Allí, la serpiente creció hasta tal punto que rodeó el mundo y se mordió la cola: un auténtico ouroboro nórdico. Sin embargo, a diferencia del símbolo clásico que representa la eternidad y el equilibrio, Jörmungandr encarna el confinamiento y la tensión cósmica. Es quien mantiene el océano en su cauce, marcando los límites del universo.
Considerada el peor enemigo de Thor, Jörmungandr simboliza las fuerzas naturales del caos, como las tormentas marinas. Su enfrentamiento culmina en el Ragnarök, el destino final de los dioses: se vaticina que Thor logrará matar a la serpiente, pero caerá tras dar nueve pasos, envenenado por su aliento tóxico. Esta “destrucción mutua asegurada” expresa la concepción nórdica de un cosmos en el que orden y caos se neutralizan para dar comienzo a un nuevo ciclo.
Manuscrito iluminado etíope en la lengua litúrgica ge´ez, siglos XVIII-XIX.
Religión y serpientes
Pergamino compacto o en fuelle, sobre piel de cabra y pigmentos naturales. Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
En la ilustración de la página izquierda aparece una figura sobrenatural o protectora, con un rostro humano de rasgos exagerados: ojos grandes y circulares y una sonrisa amplia (comunes en la iconografía mágica etíope). Múltiples extensiones serpentinas o tentáculos que emergen de la cabeza y el cuerpo, simbolizando poder, peligro o combate espiritual; representan tanto las fuerzas malignas como su sometimiento por poderes espirituales. Las manos levantadas representan bendición, rechazo del mal o invocación de protección.
El texto de la página derecha escrito en el alfabeto ge´ez todavía se utiliza en la liturgia de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo. Por su estructura y palabras clave, el texto parece consistir en oraciones mágicas, invocaciones o exorcismos, que invocan a veces a Dios, a los ángeles o a los santos para alejar enfermedades, la mala fortuna, maldiciones o demonios. La combinación de texto e imagen era fundamental: las oraciones escritas invocaban la autoridad divina, mientras que las ilustraciones actuaban como talismanes visuales para asustar y repeler el mal. La traducción del texto de la derecha dice:
«En el poder y la fuerza de Dios, el Señor Todopoderoso.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
En el nombre de la Santa Sión.
En el nombre de Moisés y Abraham.
En el nombre de Gabriel y Miguel.
En el nombre de Asaf y David.
Por la visión del Señor.
Por Emmanuel, Jesucristo.
Sálvanos del mal, de la deshonra y de Satanás.
Protégenos de la muerte y de la destrucción.
En el santo nombre del Señor.
Amén.»
Escultura dorada con el emblema de la farmacia. 1983.
La serpiente en la medicina
MA-2102. Museo Real Academia Nacional de Farmacia de España.
La serpiente es un emblema de la diosa griega Hygea, compartida con su padre, el dios Asclepio. La mitología la define como un animal primigenio, procedente de la tierra y del mundo subterráneo, capaz de aparecer y eclipsarse sin aviso; a ella se le atribuye la muerte y la capacidad de sanar; son muchas las culturas que presentan a este animal asociado a la creación del mundo. En su ambivalencia, comunica el suelo con el cielo, lo inferior con lo superior, aglutina en una sola efigie el causante del dolor y su antídoto.
Hygea suele sostener, a diferencia de su padre, la serpiente vinculada a una copa: el recipiente de la salud, en torno a cuyo tallo, la pieza que conecta el cuerpo con la base de la copa, se enroca el ofidio como símbolo del equilibrio y la curación.
La pieza corresponde a la celebración del cincuentenario de una promoción de licenciados en Farmacia por la Universidad de Madrid; así lo hace constar una placa dorada en la base rectangular de mármol verde: ‘Bodas de oro promoción 1933-1983 / Facultad de Farmacia Madrid 1933-1983’.
Escorpión gigante del bosque, Heterometrus fulvipes.
Animales venenosos
MNCN 20.02/41852. Museo Nacional de Ciencias Naturales
Los escorpiones son artrópodos depredadores, generalmente nocturnos y solitarios. Poseen un potente veneno que inyectan mediante un aguijón situado al final de la cola para inmovilizar a sus presas, aunque los machos de algunas especies también lo usan para facilitar el apareamiento reduciendo la agresividad de la hembra. A pesar de su aspecto imponente, el veneno de los escorpiones asiáticos del género Heterometrus es menos tóxico que el del escorpión amarillo, común en la península ibérica. Estas especies suelen capturar a sus presas con sus grandes pinzas, recurriendo al aguijón solo cuando es necesario. No suelen atacar al ser humano y los casos de envenenamiento son raros. Algunas toxinas de veneno de escorpión han dado lugar a interesantes aplicaciones médicas como el «Tumor paint», una herramienta que permite identificar tumores de manera muy precisa durante las cirugías. Esta herramienta se ha desarrollado a partir de la clorotoxina, que se une de forma específica a ciertas células tumorales.
Antídotos y antecedentes
Piedra Bezoar esférica montada en plata (24 x 15 cm).
MNCN 20.02/41852. Museo Nacional de Ciencias Naturales
Piedra bezoar esférica montada en soporte de latón con cuatro cráneos y peana de madera tallada. Procedente de Estados Unidos, principios del siglo XX
CE2034. Museo de Medicina Infanta Margarita.
La piedra bezoar es una concreción sólida que se forma en el aparato digestivo de ciertos animales. La piedra es obtenida principalmente de rumiantes como cabras y ciervos de Asia central. Su rareza incrementó su prestigio social y económico y, posteriormente, un comercio fraudulento. El supuesto valor como antídoto contra venenos del bezoar, le dio su nombre persa “pad zahr” que significa defensor contra el veneno. Su reputación se sustentaba en la tradición, la autoridad médica y la creencia popular. Diversos tratados médicos antiguos, de la Edad Media y del Renacimiento, le atribuyeron propiedades terapéuticas. Una vez pulverizada, era utilizada tanto en prácticas médicas como en rituales. La nobleza europea la empleó como símbolo de protección y estatus. Con el desarrollo del método científico, su eficacia fue cuestionada, pero sin perder importancia antropológica. El bezoar ilustra la transición entre medicina tradicional y científica.
Mallaina y Gómez, Carlos (1817-1885).
Antídotos y antecedentes
«El mitridato y la triaca». Semanario Farmacéutico, 9(42) [17/07/1881]. Biblioteca, R-3. Real Academia Nacional de Farmacia de España.
El uso de los venenos con fines políticos tuvo un particular desarrollo en las culturas antiguas; este empleo llevó parejo el desarrollo de productos alexifármacos. Nicandro de Colofón (siglo II a. C.) escribió un poema en hexámetros titulado Theriaká, donde se trata de la mordedura de animales ponzoñosos y sus remedios a Mitrídates ‘el Grande’, rey del Ponto (132 a.C. – 63 a. C.) se le atribuye otro remedio polifármaco, el mitridato. Ambos productos estaban destinados a tener cierto éxito en las farmacopeas occidentales hasta entrado el siglo XIX. La razón no estaba basada tanto en su composición sino en la tradición y una subjetividad curativa relacionada con el precio del producto y la magia de la naturaleza.
Carlos Mallaina y Gómez (1817-1885), formado como farmacéutico en el Real Colegio de San Fernando de Madrid fue autor, junto a Quintín Chiarlone y Gallego del Rey (1814-1874), éste miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, del primer texto sobre historia de la Farmacia publicado en España: Ensayo sobre Historia de la Farmacia. (Madrid: Imprenta S. Saunaque, 1847). En este artículo presenta un análisis conjunto de ambos preparados, a los que denomina ‘bebidas de las cien hierbas’, desde una aproximación histórica.
Laguna, Andrés (1499-1559).
Antídotos y antecedentes
Epitome Galeni operum, in quatuor partes digesta… cum Compendio ipsiusmet Galeni in Hippocratem… Sumpt. Ioan. Caffin & Francisc. Plaignard, sub signo nominis Iesu, 1643. Colección particular prof. Jorge Alvar Ezquerra.
Este epitome de la obra de Galeno es una edición crítica de Andrés Laguna (1499-1559), médico de Carlos I y Felipe II, que incluye De Theriaca ad Pisonem.
En De theriaca ad Pisonem, Galeno postuló el uso de la triaca como panacea contra venenos, peste, dolencias digestivas y desequilibrios humorales. El de Pérgamo enfatizó que no era un invento reciente sino una fórmula empírica validada por siglos de uso, desde la Escuela de Alejandría (siglo III a. C.), pasando por Andrómaco, hasta su época (siglo II d. C.). Corrigió sus componentes y modo de preparación, y estableció las características que debe reunir la carne de la víbora a usar: debe ser de hembra joven no preñada, y se debe descartar la cabeza y cola por ser partes venenosas.
David, François-Anne (1741-1824)
Antídotos y antecedentes
Proportions des plus belles figures de l’antiquité, a l’usage de ceux qui se destinent aux beaux arts, ornées de vingt planches, contenant vingt-cinq figures antiques, mesurées dans toutes leurs parties, suivant l’échelle de proportion de la tête. Paris: Chez F. A. David: De l’Imprimerie de Boiste, 1798.
Dibujos de François-Anne David (1741-1824) que reproduce las diversas vistas de la escultura helenística de Laocoonte. Biblioteca Real Academia Nacional de Medicina.
François‑Anne David (1741-1824), no confundir con Jacques‑Louis David (1748–1825), pintor neoclásico de «La muerte de Marat», fue uno de los ilustradores más elegantes de su tiempo. Destacó en la realización de retratos y la reproducción de obras maestras de la Antigüedad. Esta obra, editada por el propio F. A. David e impresa en el taller de Boiste en 1798, estaba destinada al estudio de las proporciones aplicadas a la recreación de la figura humana, para lo cual echaba mano de ejemplos como el grupo del Laoconte, escultura helenística (ca. siglo II a. C.) que representa el momento de la muerte del sacerdote troyano del mismo nombre, junto a sus hijos, atacados por unas serpientes enviadas por los dioses.
Escultura del Esculapio de Pollença.
Bronce. Siglo XX. Reproducción.
La serpiente en la medicina
CE1970. Museo de Medicina Infanta Margarita.
Las ciencias de la salud mantienen una estrecha relación iconográfica con la serpiente, símbolo ancestral de renovación, vida y conocimiento. En el centro de esta tradición se halla Esculapio (el Asclepio griego), hijo de Apolo y de la mortal Corónide. Criado por el centauro Quirón, Esculapio aprendió las artes curativas y superó a su padre, Apolo Iatros.
La serpiente, emblema de ambos dioses, representa la energía vital que se renueva al mudar la piel y la sabiduría de la medicina. Su atributo distintivo es una vara de ciprés con una serpiente enroscada, la serpiente de Esculapio, símbolo de la Medicina.
Esta figura en bronce macizo reproduce la pieza hallada en la antigua Pollentia (actual Pollença), capital romana de las Baleares. Esculapio aparece representado como un joven atlético que sostiene con la mano derecha una lanza de su estatura, en lugar del bastón habitual. A su lado, una serpiente se alza sobre el suelo, completando el conjunto simbólico que une fuerza, sabiduría y sanación.
Nicandro de Colofón (204-135 a.C.)
Antídotos y antecedentes
Theriaka y Alexipharmaka. Siglo X. Facsimil realizado por M. Moleiro Editor.
Considerado el códice más bello del Renacimiento bizantino, con el texto en griego, es el tratado de toxicología más antiguo que se conoce. El uso de los venenos con fines políticos tuvo un particular desarrollo en las culturas antiguas; este empleo llevó parejo el desarrollo de productos alexifármacos.
Es el único manuscrito ilustrado que se conserva del poeta y médico Nicandro de Colofón (s. II a.C.). Su Theriaká versa sobre los venenos de origen animal, y su Alexipharmaka, sobre venenos de origen vegetal y mineral, fundamentado en los textos de Teofrasto (a. 371 a. C. – c. 287 a. C.). Sus fórmulas fueron aumentadas por médicos de figuras como Nerón o Trajano.
Original conservado en la Bibliothèque nationale de France, París
Signatura: Suppl. grec 247.
Edición primera, única e irrepetible, numerada y limitada a 987 ejemplares autentificados con un acta notarial. www.moleiro.com @moleiroeditor